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Mar 132012
 

Entendiendo el Verdadero Amor

Por David Cox © 2010

 

Escuela Dominical de Jóvenes Volumen 1, Número 8 

El Verdadero Amor

La juventud es un tiempo de cambios. Muchos hablan sobre el amor, pero no se fijan en lo que Dios dice sobre el amor. Es bueno entender lo que es el amor, y lo que el amor no es. La primera idea que el mundo nos enseña sobre el amor es que es una emoción que viene sobre uno, y cuando viene, nadie puede resistirla. Igualmente de repente el amor deja a uno, y cuando esto sucede, no hay nada que uno puede hacer para detener o reponer el amor. Pero la Biblia nos presenta otro cuadro sobre el amor. En Efesios 5, Pablo nos enseñó unos principios muy importantes sobre el amor. En Ef. 5:1, dice que debemos imitar a Dios. Luego nos manda, “andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.” (Ef. 5:2).

El amor entonces es sobre uno sacrificando su vida por otra persona, para hacer a esta persona vivir feliz. No es lo que se saca de una relación amorosa, sino lo que uno puede dar para que el otro viva mejor, para que sea feliz, para que tenga una vida buena. Allí está el error de muchos, porque buscan el amor para lo que pueden sacar de la relación, y este amor es carnal, diabólico. No es el amor divino que Dios bendice y nos manda practicar. En griego hay tres palabras para el amor, ágape (este amor mencionado en Efesios 5), filadelfos, que es una relación amistosa como entre hermanos, y eros, que es una relación que primero busca lo que se puede sacar, siempre enfocada en sí misma. Eros nunca es usado en la Biblia, y la palabra “erótica” viene de este concepto. Nuestro mundo está demasiado enfermo con este concepto del amor. Ves las vidas tristes y quebrantadas a todos lados, madres solteras, gente desamparada, sola, y destruida emocionalmente. La razón de esto es que han caído en el pensar que este es el tipo bueno del amor que quieren. Encuentran a otra persona por un tiempo que le coopera en hacer una relación, pero siempre este amor regresa a exigir y demandar a uno de la otra en lugar de dar, y se hace cara esta relación con poco tiempo, y la relación se deshace. Lo que queda es una vida destrozada.

 


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El amor no empieza con lo físico (tocándose o besándose) sino con una entrega de uno al bienestar y felicidad del otro. Pablo sigue, “Pero fornicación y toda inmundicia…, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos… porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo… que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” (Ef. 5:3). Para el cristiano, hay una conducta y actitud que Dios exige para sus hijos. Fornicación es la porneía en griego que es de donde sacamos pornografía, y significa cosas envueltas en esta codicia sexual y física. Hay un lado físico para el amor, y dos personas quienes se casan deben tener parte de su relación en lo físico, pero esto siempre es después de casarse, y dentro de los límites que Dios nos impone. “Inmundicia” aquí es impureza, o contaminación.

Pablo nos avisa de que este tipo de persona quien se entrega a sus pasiones carnales, a sentir, tocar, y ver, siempre alimentándose a su carne, no es un hijo de Dios (no es salvo). Mientras el mundo hace difícil que uno exista y viva en ello sin sentir, tocar, y ver lo erótico, el hijo de Dios se concentra en su pureza moral. Esto es lo que trae la bendición de Dios sobre los cristianos, y el juicio de Dios sobre los corruptos. Observamos que muchos matrimonios cristianos (y aún no cristianos si se sujetan a estos principios de Dios) se quedan juntos hasta la muerte por algo que es difícil que el mundo común y corriente encuentre. Los del mundo buscan “el amor”, pero lo que encuentran no les da felicidad por mucho tiempo. Tan rápido y breve como vino, así sale igualmente de rápido. Pero en el verdadero amor, el compromiso hacia la otra persona, es algo bonito que dura toda la vida.

1Juan 4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

Los bebés y niños no pueden entender el amor solamente de una forma. Sus padres le aman, y por esto, entienden algo que es “amor”. Pero ¿Qué parte tienen ellos en este amor? Básicamente de recibir siempre, y muy poco de dar algo de regreso a sus padres. Jesús nos enseña que es el verdadero amor. No es que alguien te ama, sino que tú amas a alguien, que tú haces compromiso y entrega para establecer este amor. El amor es en que Dios se entregó a su Hijo porque nos ama. Hay motivo, hay actividad, hay compromiso, hay entrega. El amor no es que alguien te regala cosas, sino en que tú quieres hacer feliz y bonita la vida de otra persona. Este amor se expresa en servicio, en dedicación, en fidelidad, y en lealtad. Si no aprendes como amar, entonces la ira de Dios está sobre ti.

1Juan 3:10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. 11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. 14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. 16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 4:7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

Juan nos explica que el cristiano verdadero es alguien que entiende el amor que Dios nos mostró en morir en la cruz (dedicación y sacrificio de alguien para nuestro bien), y que asume e impone este mismo tipo de amor en su propia vida. El éxito en las relaciones amorosas de la vida regresa a la cruz, entendiéndola, e incorporando este amor divino en nuestras vidas. Si captas esto, tendrás la bendición de Dios sobre tu vida, especialmente en asuntos de pareja y amistades. No es lo que puedes sacar, o lo que otros te dan, sino lo que tú puedes dar y entregar a otros para imitar el amor divino. No entregas tu cuerpo a la fornicación, sino te mantienes puro. La decisión de tener la felicidad de Dios, o los engaños y maldición de Satanás es tu decisión. Concluimos con la exhortación de Pablo, “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues participes con ellos.” (Ef 5:6-7).

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cp18 ¿Por qué amargarse la vida?

En este folleto, explicamos porque el cristiano no debe amargarse la vida con problemas o personas problemáticas. Examinamos el problema de ser amargo, y contrastándolo con ser un hijo de Dios. Es difícil que seamos amargos si realmente tenemos la paz de Dios adentro de nosotros. Luego vemos el remedio para la amargura.

Sermón en Audio: cp18 ¿Por qué amargarse la vida?

Folleto PDF: cp18 ¿Por qué amargarse la vida?