Abraham: Formando la Fe
Abraham Fe formando
Por David Cox © 2010
Abraham salió de su hogar sin saber a donde iba. La fe no es de saber todos los detalles de las cosas, y como va a llegar a tu posesión, sino es de confiar en la persona que promete y que Él sabe como y tiene el poder de cumplir con sus promesas.
La fe es algo que tiene que crecer. Desde la primera promesa, hay una relación de confianza que se manifiesta más y más y es como la fe crece. Aunque Abraham tuvo fe, su fe no era madura como Dios quiere de uno. Abraham tuvo que andar en fe, demostrando día por día, experiencia por experiencia la realidad de lo que creía. Por esta razón Dios hizo un pacto con Abraham.
Gen 17:1 Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera. 3 Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: 4 He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. 5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. 6 Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. 7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. 9 Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones.
Abraham tuvo que desarrollar su fe (su confianza) en Dios. Dios quiso ponerlo a prueba, que se viera por la vida qué tan real eran las promesas de Dios para Abraham. Un pacto es un acuerdo entre dos personas, donde hay una relación de confianza, que uno promete unas cosas, y para obtener estas cosas, el otro cumple en una forma.
Dios hizo pacto con Abraham. Este pacto se edifica sobre una relación con compromisos y privilegios de las dos partes. Abraham disfrutaba de la bendición de Dios aquí en la tierra, y allá en el cielo porque tuvo fe y confianza en Dios, y en la persona de Dios. Las obras no son lo que establece esta relación sino la fe y confianza uno en el otro.
Dios les prometió a Abraham y a Sara de que ellos tendrían un hijo quien sería a heredero de todas las promesas de Dios a Abraham. Abraham tuvo 99 años de edad (Gén 17:1) y Sara tuvo 90 años de edad (Gén 17:17). Físicamente las mujeres dejan de poder tener hijos a la edad de los 50 años más o menos. Entonces Sara había perdido el poder humano de tener un hijo ya hacía 40 años cuando Dios dijo que Sara iba a embarazarse. La fe es de creer y aceptar como ya hecho por la alta credibilidad y confianza en quien promete, no en la posibilidad o imposibilidad de la cosa prometida. Abraham “se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?” (Gén 17:17) Isaac significa “reírse”. Aunque Abraham es reconocido en la Biblia por su fe, en este punto de la vida, todavía no había desarrollado y crecido tanto su fe. Dios tuvo que hacer unos problemas y crisis de su vida, para que Abraham tuviera experiencias donde ejerciera, y creciera su fe. Este es el método que Dios usa para causar a nuestra fe de madurar, crecer, y formarse completamente.
Sal. 37:3 Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. 4 Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. 5 Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
La verdad es lo que es Dios. Es buen carácter moral visto primero en el carácter de Dios, que luego debemos imitar en nuestras propias vidas. (Ef. 5:1 “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.”)
Pero por todo lo humanamente imposible que era para Sara y Abraham de tener un hijo a esa edad, lo pasó. Esta experiencia de sus vidas nos es dada por Dios para que la tomemos en cuenta, y que tengamos fe también. Lo que Dios quiso de Abraham y Sara es que reconocieran el poder y bondad de Dios, y que creyeran en ello.
La fe es cuando uno declara de su corazón que Dios es verdad, y “el Señor es mi Ayudador” Hebreos 13:6. (Ver 1 Crónicas 12:18 “Dios te ayuda”). La fe es cuando uno vive esta declaración de su fe por como ordena las acciones y actitudes de su vida. La oración es cómo uno consigue el favor de Dios, como uno obra para que Dios dé lo que uno quiere. A veces estamos equivocados en qué cosa es buena para nosotros, y peleamos con Dios por una cosa que queremos, pero luego Dios nos muestra por su Palabra, o en la misma oración, de dejar de querer tal cosa.
La fe es algo que muere rápido si no tiene alimento espiritual. Como cualquier músculo físico, sin ejercerlo, se disminuye, y llega a morir totalmente. Entonces la fe tiene que declararse. Tiene que manifestarse en nuestras vidas para crecer, y si no usamos la fe regularmente y mucho, se desaparece. Para que funcione la fe, tenemos que creer en la bondad de Dios en ayudarnos en nuestras vidas, y usar la fe en Dios para mejorar y cambiar nuestras vidas. La fe llega a ser la fuente de fuerza espiritual, moral, emocional, y corporal. Es por la fe en Dios que vivimos, y podemos seguir día a día.
La fe en sí misma no es fe. La fe no es una fuerza impersonal separada de la persona en que confías, o sea, Dios. La fe en sí misma es la brujería, que por ser obstinado y fuerte de voluntad, nosotros mismos podemos. Entonces esta fe que salva el alma y abasta la vida con buenas cosas, y cambia toda maldad a ser aguantable, esta fe está en la persona de Jesucristo Dios.
Heb 11:9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Abraham creyó que iba a recibir una herencia (Hebreos 11:8) pero no en este mundo, sino en el cielo. Heb 11:39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;
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